sábado, 15 de agosto de 2015

SOBRE LA PALABRA DE DIOS

La Palabra de Dios en la vida personal y comunitaria según Gregorio Magno[I]


Algunas reflexiones para motivar el diálogo a partir de cuatro fragmentos de san Gregorio Magno (540-604)[1]: uno referido a la presencia-actividad de la Palabra de Dios en el Opus Dei (Liturgia), dos en la lectio divina y el cuarto en la comunidad.
La clave del tema, en la perspectiva de la teología-vida monástica, es “aprender a conocer el corazón de Dios (cor Dei) en la palabra de Dios (verbis Dei)” (Ep. V, 46).

I. La Palabra de Dios en el Opus Dei

De las Homilías sobre Ezequiel:
“…cuando Josafat le preguntó (a Eliseo) por lo futuro, faltándole la inspiración profética (2 Re 3, 15), mandó que le llevasen uno que tañera el arpa, para que, mientras este cantaba al son del arpa, descendiera a él la inspiración profética y le revelara lo futuro; pues la voz de la salmodia, cuando se hace con la devoción del corazón, por ella se abre el Señor omnipotente el camino al corazón para que infunda al alma devota bien los secretos de la profecía o bien la gracia de la compunción. Por eso está escrito (Sal 49, 23): El sacrificio de alabanza, ése es el que me honra, y ése es el camino por el cual manifestaré al hombre la salvación de Dios. Ahora bien, lo que en latín significa (salutare Dei) la salvación de Dios, en hebreo significa Jesús; por consiguiente, en el sacrificio de alabanza se abre camino a Jesús; porque, cuando por medio de la salmodia se infunde la compunción, en nuestro corazón se abre camino por el cual al fin se llega a Jesús, conforme Él lo dice, hablando de su manifestación (Jn 14, 21): El que me ama será amado por mi Padre; yo lo amaré y yo mismo me manifestaré a él. También por eso está escrito (Sal 67, 5): Cantad al Señor, entonad salmos a su nombre, allanad el camino al que sube sobre el occidente. El Señor es el nombre suyo, pues quien, resucitando, venció la muerte, ese mismo es el que sube sobre el occidente; al cual, cuando cantamos, allanamos el camino para que venga a nuestro corazón y nos inflame en la gracia de su amor”[2].

Los monjes somos hombres de la Palabra: escuchamos y pronunciamos (cantamos) la Palabra. Nos la anunciamos mutuamente, coro a coro. Nuestra cultura monástica ha dicho el Papa Benedicto XVI es ante todo la “cultura de la Palabra”. En ella vivimos, nos movemos, existimos. Estamos sumergidos en la Palabra, rodeados por la Palabra, contenidos por la Palabra.
Para Gregorio existe un doble efecto de la Palabra:
a)      Ad extra: Infunde los secretos de la profecía (pasado, presente y futuro). “Vigías del crepúsculo de la vida actual y profetas de la aurora que aguarda a los fieles” (Pablo VI). Espíritu-don profético (saber leer la Escritura a la luz de Cristo: El AT se ilumina y se cumple en el NT. La unidad de toda la Escritura. Exégesis canónica) y dimensión escatológica (buscar lo definitivo, esencial).
b)      Ad intra: Infunde la gracia de la compunción (lágrimas, temor-miseria y amor-misericordia). Desgarra y despierta el deseo de la experiencia de Dios, engendra la pureza de corazón, que permiten leer en la letra de la Escritura la Palabra.
En la lectura patrística de la Escritura hay una tensión entre la objetividad-literalidad (exégesis) y el “para el hoy”/“para nosotros”, el aquí y ahora histórico-existencial (hermenéutica). Una hermenéutica de fe.
El Espíritu mueve desde las Escrituras, habla a través de ellas, está presente en las Escrituras que contienen la Palabra de Dios. Dimensión pneumatológica que posibilita la asimilación interior de la Historia en el Misterio y del Misterio en el hombre (Origenes/Gregorio).
El Opus Dei es sacrificio de alabanza, que exige: salmodiar sabiamente y que la mente concuerde con la voz (Cf. RB XIX). Se da una participación (contemporaneidad) en el Misterio (extra tempus sed non extra mysterium), por la inteligencia espiritual de las Escrituras se penetra en el Misterio con y por la Palabra.
En la Palabra leída-celebrada en un contexto litúrgico y en el sentido de la tradición (enriquecimiento-ampliación de los límites de la exégesis bíblica) se abre, y nosotros allanamos (sinergia), el camino del Señor.

II. La Palabra de Dios en la Lectio Divina[3]

a). De los Libros Morales: 
La Sagrada Escritura se presenta ante los ojos del alma como un espejo en el que podemos ver reflejado nuestro rostro interior. En ella conocemos nuestras facciones bellas y feas. En ella percibimos nuestros avances y nuestros retrocesos. Narra los hechos de los santos y mueve los corazones de los débiles a su imitación. Recordando las victoriosas hazañas en su lucha contra los vicios, fortalece nuestra debilidad. Con sus palabras logra que nuestra alma se encuentre menos temblorosa en medio del combate, viendo ante sí los triunfos de tantas personas valerosas. En ocasiones no sólo nos cuenta sus victorias sino también sus caídas. De esa forma, captamos en la victoria de los valerosos lo que debemos imitar y vemos en sus faltas lo que debemos temer. A Job se le describe crecido ante la tentación, a David postrado ante ella. Así, la virtud de nuestros mayores conforta nuestra esperanza y su caída nos hace cautos en la humildad. La primera nos eleva infundiéndonos alegría, la segunda nos frena inspirándonos temor. Si en un caso el ánimo del que escucha recibe la confianza de la esperanza, en el otro es instruido en la humildad del temor. Retenido por el miedo no se ensoberbece temerariamente, ni atrapado por el temor cae en la desesperación, porque gracias al ejemplo de la virtud se robustece en la confianza de la esperanza”[4].

Los monjes hacemos lectio y la lectio nos hace monjes. La escucha/obediencia hace hijos: purifica el corazón y enciende la caridad. La soledad y el silencio, la estabilidad y la conversatio morum, el ayuno y la vigilia, el trabajo y el estudio, están en función de la escucha de la Palabra que nos configura con el Verbo.
Gregorio nos ofrece una triple descripción de la Palabra:
·         Espejo (Rostro interior / Habitare secum / criterio de discernimiento del progreso-retroceso en la vida espiritual).
·         Icono (Modelo / Vir Dei / victorias-caídas).
·         Arma (Lucha espiritual-tensión / De pugna Daemonum / fortalece nuestra debilidad).
Los Padres leían la Escritura, en la Tradición viva de la Iglesia, como Historia salutis (Israel/Cristo/Iglesia). La totalidad de la Escritura en la unidad de los dos testamentos, que es la unidad del Espíritu inspirador e inspirante. “Salida” del hombre hacia la Letra/Historia y de la Historia al Misterio (Jerónimo).

b). De las Homilías sobre Ezequiel:
“…las palabras de la Sagrada Escritura, según se ha dicho muchas veces, crecen en inteligencia según lo que en ella sienten los lectores; pues en una misma sentencia de la Sagrada Escritura, el uno se alimenta solo de la historia, otro busca el sentido típico; otro, en cambio, por la figura busca el sentido contemplativo o místico. Y con frecuencia sucede que, conforme se ha dicho, en una misma sentencia pueden hallarse los tres sentidos a la vez… Gran milagro es éste (la zarza que ardía sin consumirse). Si en él atiendes sólo a la historia, ya hay ahí con qué se nutre el alma del lector, viendo que el fuego arde en la leña y no la consume. En cambio si buscas entender lo que eso significa, ¿qué se entiende por la llama sino la ley de la cual esta escrito (Deut 33,2): En su mano derecha la ley de fuego? ¿Y qué por la zarza sino el pueblo judío, cubierto con las espinas de sus pecados? Pero la zarza que ardía no pudo consumirse, porque el pueblo judío recibió, si, la ley, mas, a pesar de ello, no abandonó las espinas de sus pecados, ni la llama de la divina palabra consumió enteramente sus vicios. Tal vez otro alguno desea que se contemplen en este hecho cosas más altas por medio del sentido típico... y así: Entre los hombres hízose igualmente hombre perfecto el Hijo único de Dios, el cual no tuvo pecados propios, pero cargó sobre sí las espinas de nuestra maldad y se dignó humillarse por nosotros hasta la pasión y recibir en sí mismo el fuego de nuestra tribulación. Ardió, pues, mas no se consumió, porque en cuanto a la humanidad murió, pero permaneció inmortal en cuanto a la divinidad; tomo de nosotros aquello por donde sacrificarse por nosotros, pero también en lo suyo propio permaneció impasible e inconmutable para cambiarnos a nosotros de lo nuestro. Acaso otro requiere la moralidad de la historia y, además, el sentido místico por el sentido alegórico… Luego, porque lo que dicen las sagradas palabras crece con el espíritu de los que las leen…”[5].

Los monjes crecemos-maduramos por la lectio de la Palabra y la Palabra crece por la lectio de los monjes. Los Padre plantean un crecimiento recíproco (etapas de la vida espiritual-sentidos de la Escritura):
·         Principiantes / Carnales / literal.
·         Proficientes / Psíquicos / tropológico.
·         Perfectos / Pneumáticos / místico.
Esto explica la “hagiografía exegética”.
Se trata de una comprensión sapiencial, contemplativa, de una inteligencia mística, hermenéutica de fe, exégesis y teología, exégesis y lectio divina. Ejemplo de la zarza que arde sin consumirse: Lectio vitae.
Los Padres buscaban el Sentido (modelo tipológico de Daniélou/Simonetti): Cristo total, en los sentidos (modelo alegórico de H. de Lubac/Gargano) literal-histórico (capadocios), alegórico-dogmático (alejandrinos), tropológico-moral y anagógico-místico de la Escritura.

III. La Palabra de Dios en la Comunidad

De las Homilías sobre Ezequiel:
“…sé que, generalmente, muchas cosas que sólo no puede entender en la Sagrada Escritura, las entendí puesto entre mis hermanos. Y también procuré saber por mérito de quién se me daba a mí entender esa inteligencia; y claro ésta que esto se me da a mí en favor de los que me están oyendo. Por tanto, resulta que, con el favor de Dios, el entender crece y la elación disminuye al aprender, por causa vuestra, lo que entre vosotros enseño; porque, confieso la verdad, generalmente, con vosotros oigo lo que digo. Por consiguiente, cuanto en este profeta (Ezequiel) entienda menos, se debe a mi oscuridad, y, si algo pudiera entender bien, se debe al favor que Dios hace a vuestra caridad”[6].

Los monjes recibimos la Escritura de la mano de la Iglesia/Esposa, la leemos con sus ojos y su corazón y la interpretamos en su fe, según la analogía de la fe; “…la Escritura precisa de la interpretación, y precisa de la comunidad en la que se ha formado y en la que es vivida. En ella tiene su unidad y en ella se despliega el sentido que aúna el todo. Dicho todavía de otro modo: existen dimensiones del significado de la Palabra y de las palabras, que se desvelan sólo en la comunión vivida de esta Palabra que crea la historia” (Benedicto XVI, Discurso en el Collège des Bernardins).
El monasterio es una comunidad de lectio, se ingresa y se permanece en la comunidad porque en su interior el Señor habla y la comunidad escucha.. Discernimiento-confrontación: La comunidad que lee, es leída.
Si nos alimentamos (masticamos y digerimos) abundantemente de la Palabra, eructamos la Palabra apenas abrimos la boca, por eso comencemos con el diálogo.

Pedro Edmundo Gómez, osb


[1] Fuentes y Estudios: Homiliae in Hiezechihelem Prophetam, ed. M. Adriaen, CChr 142, Turnhout 1971; In Cantica Canticorum, ed. P. Verbraken, CChr 144, Turnhout 1963; Moralia in Iob, ed. M. Adriaen, CChr 143, 143 A –B, Turnhout 1979-1985. (Tr. it. Commento morale a Giobbe, I-IV, Roma 1994-2001. Tr. sp. ed. J. Rico, 1-2, Madrid 1998. 2004); Dialogues, edd. A. de Vogüé – P. Antin, ed. lat.-fr., SC 251, 260, 265, Paris 1978-1980. (Ed. lat.-it., Opere di Gregorio Magno, Roma 2001); XL Homiliarum in Evangelia libri duo, ed. H. A. Hurter – G. Cremascoli, ed. lat.-it., in Opere di Gregorio Magno, Roma 1994. (Tr. Ing. Forty Gospel Homilies, ed. D. Hurst, Kalamazoo 1990); Regula Pastoralis, ed. lat.-fr., edd. B. Judic – F. Rommel, SC 381-382, Paris 1992. Tr. it. Città Nuova, Roma 1990. Tr. sp. edd. A. Holgado – J. Rico, Ciudad Nueva, Madrid 2001. Estudios: C. Dagens, Saint Grégoire le Grand. Culture et expérience chrétiennes, Paris 1977 ; R. Gillet, Grégoire le Grand, in DSp VI, 872-910 ; R. Godding, Bibliografia di Gregorio Magno (1890-1989), in Opere di Gregorio Magno. Complementi / 1, Roma 1990; O. M. Porcel, La doctrina monástica de san Gregorio Magno y la ‘Regula Monasteriorum’, Madrid 1950, Washington, 1951; C. Ricci, Mysterium Dispensationis. Tracce di una teologia della storia in Gregorio Magno, Studia Anselmiana 135, Roma 2002; A. Simón, «Il metodo teologico di Gregorio Magno. Il processo plurisemantico della analogia metaesegetica», in L’eredità spirituale di Gregorio Magno tra Occidente e Oriente, a cura di G. I. Gargano, Verona 2005, 153-180. www.mondodomani.org/reportata. Benedictina 53 (2006) 341-363. Trad. sp. Revista Española de Teología 65 (2005) 5-29.
[2] Homilías sobre Ezequiel I, 1, 15, BAC, Madrid, 1978, pp. 246-247.
[3] Cf. G. I. Gargano, “La metodologia esegetica dei Padri”, en Metodologia dell’Antico Testamento, EDB, Bologna, 1997, pp. 197-221; La Lectio Divina, Introducción a la “Lectio Divina”, San Pablo, Santafe de Bogota, 1995.
[4] Mor. in Iob II, I, 1. Libros Morales/1, Ciudad Nueva, Madrid, 1998, p. 128.
[5] Homilías sobre Ezequiel I, 7, 9-10, pp. 300-301.
[6] Homilías sobre Ezequiel II, 2, 1, p. 406.

[I] Adaptación de la conferencia a la comunidad monástica, 25 de febrero de 2012.

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